A principios de año retomé un a aficción a la que me enganché hace más de 10 años y que por unas cosas y otras llevaba sin tocar desde hace tiempo: las Magic. No tenía así ninguna actividad que me mantuviese entretenido en Seattle salvo el trabajo, la XBox, salir de fiesta y recuperarme de las resacas, así que decidí que necesitaba algo más. Y qué mejor que este juego de cartas, que además de dejarte sin dinero y quitarte mucho tiempo, hace que te lo pases muy bien, conozcas gentes y viajes.

Pues conocí a la gente que juega en el “Deathmatch” de Seattle y después de ir con ellos a dos PTQs y estamparme, me apunté al Grand Prix Los Angeles, el típico evento mítico que le encantaría a Marco. Jugué affinity y hice un 6-3, perdiendo la última partida (que me hubiese dado acceso al día 2) contra mi mejor enfrentamiento, debido al profundo retraso mental que me afecta desde pequeño. Pero bueno, no me voy a poner a hablar de Magic, sino de Los Angeles.

Una de las fotos típicas de LA
Todo el mundo conoce la gran ciudad de Los Angeles, donde está Hollywood o Disneyland, que sale en las películas y en los telediarios. Yo me la imaginaba con edificios grandes, imponentes, llena de gente por las calles. Nada más lejos de la realidad. La mayor parte de Los Angeles consiste en muchas autovías con mucho tráfico, y casas y restaurantes desperdigados al azar entre ellas. En ningún momento tienes la sensación de estar en una ciudad, tal y como concebimos una ciudad en España.

Autovía de LA con miles de carriles. Aún así, el tráfico es siempre terrible en toda California
En mi habitación dormíamos Daniel, un americano de origen filipino que trabaja en Amazon, Joe, un tipo con las uñas pintadas de negro, Peter, un chaval delgado, buena gente y con un piercing en el labio, y yo. Sin embargo, el sábado por la noche se nos unieron un maricón llamado David con el pelo amarillo y un borracho llamado McDoogle. David, McDoogle y Peter ya estaban bastante borrachos cuando llegué a la habitación, ya que les habían eliminado pronto del torneo y desde ese momento habían empezado a tomar chupitos de ginebra en el baño. Aún así, nos acompañaron amablemente al resto a comprar algo de alcohol para nosotros y a comer unas hamburguesas en el In ‘n’ Out. Luego intentamos que un taxista nos llevase a alguna discoteca, pero decían que no sabían de ninguna, aunque yo creo que más bien vieron que algunos iban demasiado borrachos y no quería llevarnos…. Al final acabamos volviendo a la habitación y nos tomamos allí unas cuantas copas.
Entre unas cosas y otras me acosté algo tocado a las 5 de la mañana. Y al día siguiente en pie a las 9:30 para jugar el PTQ que empezaba a las 10. No se cómo lo conseguí, pero me levanté. Aunque ya me podría haber quedado durmiendo, pues hice un 0-3 DROP lamentable. Esta vez la cosa se le fue de las manos a David, Peter y McDoogle (a los que se le unión Daniel), que a las 7 de la tarde ya estaban MUY BORRACHOS.
Tras ponerse a preguntarle a una ancina en el ancesor “Do you want to draft?”, hacer el tonto por la zona del torneo y otra serie de locuras, nos fuimos a cenar David, Peter, Daniel y yo. Cuando salimos del restaurante entramos en un bar cutre que descubrimos justo en frente. Por desgracia estaba lleno de gordas, así que salimos de allí rápidamente. Paramos a un taxi y le dijimos que por favor nos llevase a West Hollywood, que es la zona gay de Hollywood, ya que David decía que conocía allí un buen bar (gay, obviamente).
West Hollywood me dio una impresión bien distinta a lo que había visto hasta ahora de Los Angeles. Muchas luces, un ambiente increible, mucha gente joven (y homosexual en su mayoría) por las calles, bares llenos… Les preguntamos a unas chicas que cuál era el mejor club de la zona, y nos señalaron uno, así que fuimos para allá. La parte de abajo no estaba muy llena, pero la de arriba estaba llena de chinas bailando música dance. Era curioso, pero había como un 75% de chicas, todas estaban vestidas super elegante con vestidos negros cortitos, y además la mayoría estaban muy buenas.

El tipo de ambiente del que uno puede disfrutar en West Hollywood
HISTORIA DE LA CHINA DE LA DISCOTECA:
Al rato de llegar a la discoteca, una china se acercó a hablar con mi amigo filipino (conexión asiática, yeah). El caso es que mientras hablaba con él me miraba a mí mucho, y al rato se me acercó, me cogió de la mano y me preguntó que cómo me llamaba. Se lo dije, y le expliqué que era de España y todo eso, pero cuando ella me hablaba yo no la entendía. Entre la música, el acento chino y mi inglés defectuoso no era capaz. Así que volvió con Daniel el filipino, que no perdió su oportunidad y se la llevó a unos sofás. A los 5 minutos ya le estaba comiendo la boca.
Nos fuimos del sitio y dejamos a Daniel allí ocupado. Visitamos dos o tres bares más, pero todos eran demasiado gays para Peter y para mi. David sin embargo estaba encantado, ya que es uno de esos maricones que son muy maricones. Yo estaba un poco asustado ya que llevaba desde el viernes por la noche diciéndome todo el rato “you are very cute” y preguntándome “are you really not gay?”, sin embargo supe aguantar la situación debido a la experiencia de otros gays a los que le he gustado en el pasado. Entonces sonó el teléfono: era Daniel. Una gorda, resentida porque no se come nada y llena de odio y rencor, había venido a buscar a su amiga y el pobre Daniel se iba a tener que masturbar al llegar a su casa.
Vino Daniel y nos tomamos una cerveza con él uno de los bares (gay) mientras veíamos a la única chica del local (que estaba tremanda) jugar al billar contra otro tipo (gay, logicamente). Al final dieron las 2AM y cerraron el bar, ya que de esto no se libra ni Hollywood. Así que taxi, y de vuelta a casa…
FIN DE LA HISTORIA DE LA CHINA DE LA DISCOTECA
A las 5:30 me levanté completamente hundido para coger el avión de vuelta a Seattle. Peter estaba dormido en la cama y Joe en el suelo, y el avión de ambos salía a las 6. Lo iban a perder de todas formas, así que decidí no levantarles. En la puerta del hotel me encontré de nuevo con David, el gay, y nos fuimos juntos al aeropuerto. Decir que David me cae muy bien, aunque cuando está borracho se pone un poco pesado.

Vuelta a casa...
Ya de vuelta en el estado de Washington recogí mi coche en el parking del aeropuerto, que me costó $78 por tres días (sí, me la clavaron bien clavada… sinvergüenzas!) y me fui directamente a la Gran Compañía, donde sufrí terriblemente durante todo el día para mantenerme despierto.
(Siento mucho el no poder ninguna foto del GP o de la noche por Hollywood, pero es que siempre o se me olvida echarlas o me da pereza!! Intentaré que no me vuelva a ocurrir…)