Seattle es una ciudad muy nueva, avanzada y progresista. Además de tener autobuses eléctricos, que van conectados a un cable de la luz como los coches chocones de la feria, la gente es muy liberal. La mayoría de la gente lo ha probado ya todo en temas de sexo, por lo que deciden hacerse bisexuales. Les da igual carne o pescado. Algunos, incluso, van aún más allá.
El otro día leí un par de mensajes en el periódico gratuito de la ciudad, The Stranger, enviados por lectores a una sección que es como un consultorio de sexo. Me parecieron curiosos y muy ilustrativos, por lo que quiero comprartirlos con vosotros. Más o menos venían a decir lo siguiente:
Mensaje 1
La otra noche mi marido y yo estábamos en casa muy borrachos. Él estaba muy cachondo y me contó que su mayor fantasía era ver como un perro me penetraba. Me sacó varios videos pornos de zoofilia y me los estuvo enseñando. A mi no me gustaron, pero también me calenté mucho al ver lo cachondo que él se ponía al verlos. Le dije a mi marido que no me importaba que tuviese esa fantasía, pero que iba a hacer nada con un perro. ¿Es normal el comportamiento de mi marido?
Mensaje 2
Mi marido no quiere chuparme la vagina. Por mucho que se lo pido, él dice que no, que supera sus límites morales. Estoy sufriendo mucho porque no puedo conseguir buenos orgasmos sin sexo oral. A él, sin embargo, le encanta que le haga felaciones mientras le meto un dedo en el ano. Si esto sigue así creo que tendré que buscar el sexo oral fuera de mi matrimonio. ¿Qué debería hacer?
Bienvenidos a Seattle =)


