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Nieve

El tiempo en Seattle estos últimos días ha sido terrible. De poder pasear durante el día casi en camiseta se ha pasado a no poder salir de casa por la nieve. El miércoles comenzó a nevar y al día siguiente cerraron hasta los colegios. La Gran Compañía también cerró , ya que era peligroso conducir hasta sus edificios.

Coche sepultado

Coche sepultado

Vegetación cubierta de nieve

La ciudad estaba desierta , no se distinguían las líneas de las carreteras y algunos coches estaban sepultados por la nieve. Salí con Amadeo, Dmicol y Luís el Chileno a comer a un restaurante mexicano que tenemos cerca de casa. Por el camino nos encontramos autobuses parados en medio de la carretera que, a pesar de llevar cadenas, se habían quedado atascados. Parecía una película de estas tipo “El día de mañana”.

Caminando hacia el mexicano

Caminando hacia el mexicano

Caos!

Caos!

Con uno de los autobuses bloqueados en medio de la calle

Con uno de los autobuses bloqueados en medio de la calle

El viernes la cosa no estaba mucho mejor, pero tuve que ir a la oficina ya que había tenido un problema con mi ordenador y no podía acceder a él desde casa. El camino hasta la autopista no estaba mal del todo, y la carretera tampoco. Sin embargo, cuando estaba a punto de llegar a mi destino, el coche se quedó atascado en un semáforo que se encontraba en cuesta. Un señor negro con un cigarro en la boca se me acercó rápidamente y me dijo: “Haz lo que yo te diga. Tengo mucha experiencia conduciendo en nieve”. Posiblemente era de Chicago. Después de ir hacia atrás y hacia delante unas cuantas veces logré salir de allí y pude aparcar el coche en el parking.

Vistas ese viernes desde mi ventana

Vistas ese viernes desde mi ventana

Arreglé el problema en unas horas, intenté trabajar algo y me fui a casa a las 3 de la tarde antes de que se hiciese de noche y las carreteras se congelasen. La rampa del parking es muy pronunciada y estaba llena de nieve, así que ya me olía lo que iba a pasar: no podía salir de allí. Subía por la cuesta y por la mitad las ruedes empezaban a irse a los lados y tenía que frenar y bajar. Con la inestimable ayuda de Pedro, a base de subir y bajar para quitar la nieve, y tras 20 largos minutos conseguí escapar y volver a casa. Mientras cenaba, Dmicol me llamó para contarme con dos autobuses habían chocado y se habían quedado colgando de un puente.

Accidente de autobuses

Accidente de autobuses

La madrugada del sábado al domingo empezó un fuerte tormenta de nieve. Nevaba y nevaba. No paraba de nevar.  El nivel de nieve estaba bastante por encima de los tobillos, y Luís me llamó para decirme que habían cerrado el aeropuerto, su vuelo había sido cancelado y tenía que quedarse a dormir en mi casa. En ese momento, me asomé a la ventana y vi a un señor esquiando por el medio de la carretera. Totalmente surrealista.

Un señor esquiando por la calle

Un señor esquiando por la calle

La nieve es bonita, pero es duro pasarse todo un fin de semana sin poder salir de casa. Y más si te acabas de comprar un coche para poder ir con total libertad a cualquier sitio. Ni me quiero imaginar lo que debe pasar un mes encerrado por culpa del mal tiempo…

Siguió nevando durante todo el domingo, así que el lunes no pude ir a trabajar tampoco. Habría como unos 35 centímetros de nieve y casi no se veían coches por las calles, aunque si alguno más que el domingo. El principal problema es que tenía que coger un vuelo esa misma noche a las 11:50 y no tenía forma de llegar al aeropuerto. Los teléfonos de los taxis comunicaban, y Gerardo no me podía acercar con su 4×4 porque tenía que trabajar. Al final conseguí contactar con una compañía de taxis, y un indio llamado Raj me recogió en la puerta de mi casa.

Nivel de nieve en mi balcón

Nivel de nieve en mi balcón

El barril de cerveza que tenemos en el balcón se convirtió en un muñeco de nieve

El barril de cerveza que tenemos en el balcón se convirtió en un muñeco de nieve

Por el camino Raj me estuvo preguntando sobre España. Sobre los vascos y sobre los musulmanes. También me contó que había trabajado en una licorería de San Francisco y que sabía algo de español. Para demostrármelo dijo: “Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ocho, nueve, cerveza, ¿donde está el baño?, nada nada, vale, te quiero mi amigo”. Estoy seguro que podría sobrevivir en España con ese vocabulario. Luego me recordó que las americanas estaban todas locas y que si me casaba lo hiciese con una española.  Por último hablamos de religión. Como la mayoría de indios, él también era hindú. Me explicó que los musulmanes odian a los hindúes. Cuando le pregunté por qué, él me respondió: “Por lo mismo que odian a los cristianos o a los de otras religiones. Los musulmanes odian a todo el mundo y no saben vivir en democracia, solo esclavizados. ¡Jodidos musulmanes! “

Lo que pensaba el taxista

Lo que pensaba el taxista

Escribo esto desde el aeropuerto de Seattle mientras me tomo un café y una magdalena de limón en el Starbucks. Son las 11:30 de la noche y mi avión sale en hora  media porque se ha retrasado por la nieve. Se que es tarde para un café, pero me apetecía. ¡Feliz Navidad!

¡Feliz Navidades!

¡Felices Navidades!

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Sexo en Seattle

Seattle es una ciudad muy nueva, avanzada y progresista. Además de tener autobuses eléctricos, que van conectados a un cable de la luz como los coches chocones de la feria, la gente es muy liberal. La mayoría de la gente lo ha probado ya todo en temas de sexo, por lo que deciden hacerse bisexuales. Les da igual carne o pescado. Algunos, incluso, van aún más allá.

El otro día leí un par de mensajes en el periódico gratuito de la ciudad, The Stranger, enviados por lectores a una sección que es como un consultorio de sexo. Me parecieron curiosos y muy ilustrativos, por lo que quiero comprartirlos con vosotros. Más o menos venían a decir lo siguiente:

Mensaje 1

La otra noche mi marido y yo estábamos en casa muy borrachos. Él estaba muy cachondo y me contó que su mayor fantasía era ver como un perro me penetraba. Me sacó varios videos pornos de zoofilia y me los estuvo enseñando. A mi no me gustaron, pero también me calenté mucho al ver lo cachondo que él se ponía al verlos. Le dije a mi marido que no me importaba que tuviese esa fantasía, pero que iba a hacer nada con un perro. ¿Es normal el comportamiento de mi marido?

Mensaje 2

Mi marido no quiere chuparme la vagina. Por mucho que se lo pido, él dice que no, que supera sus límites morales. Estoy sufriendo mucho porque no puedo conseguir buenos orgasmos sin sexo oral. A él, sin embargo, le encanta que le haga felaciones mientras le meto un dedo en el ano. Si esto sigue así creo que tendré que buscar el sexo oral fuera de mi matrimonio. ¿Qué debería hacer?

Bienvenidos a Seattle =)

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Aquí van unas cuantas fotos del apartamento de lujo que nos hemos montado Amadeo y yo en pleno Capitol Hill:

Mi cama =) La lámapara esa está ahí porque por alguna extraña razón en las habitaciones no hay toma de luz en el techo!

Bonitas mesa y silla de Ikea desde donde escribo las entradas de este blog.

El armario gigante de mi habitación. Cabe de todo, hasta las maletas y una cajonera.

Típica cocina americana.

Típica cocina americana.

La cocina vista desde otro ángulo. Tiene hasta lavavajillas, ese gran invento.

La cocina vista desde otro ángulo. Tiene hasta lavavajillas, ese gran invento.

Salón completo con sofás de cuero donde tumbarse comodamente a jugar a la XBox 360 o ver una película.

Salón completo con sofás de cuero donde tumbarse comodamente a jugar a la XBox 360 o ver una película.

El salón con más detalle: la chimenea es eléctrica y el Rock Band 2 llega mañana (el Fallout 3 hasta el 28 nada)

El salón con más detalle: la chimenea es eléctrica y el Rock Band 2 llega mañana (el Fallout 3 hasta el 28 nada)

La verdad es que estamos muy contentos con el apartamento, y parece mentira que lo hayamos podido montar en apenas un mes.

Si sois como yo y no queréis vivir varios años de vuestra vida después de acabar la universidad en un piso de mala muerte antiguo con muebles que se caen a pedazos, no aceptéis un sueldo de 1000€ por un trabajo en el que ni siquiera os valoran.

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Siento haber tardado tanto en actualizar el blog. Llegué a Seattle el lunes por la noche y he estado bastante liado estos días. Además, hasta ayer tenía que escribir sentado en el suelo y mi espalda no soportaba mucha escritura en el ordenador. Ahora mismo estoy en el aeropuerto esperando a que salga mi vuelo hacia Albuquerque, sentado en un Starbucks y escribiendo este post desde mi portátil como un auténtico americano :P

El viaje se me hizo un poco largo, especialmente el último vuelo. Era un avión muy estrecho y me tocó en el asiento del medio con un tipo de dos metros musculoso. Estaba incómodo, cansado y para empeorar aún más las cosas había un niño pequeño en el otro lado del pasillo que estuvo todo el viaje llorando. Un infierno.

Por fin llegué al aeropuerto de SeaTac y allí estaba Amadeo esperándome con su Pontiac blanco. Después de una media hora de autovía y cuestas llegamos al apartamento.

Vistas desde mi habitación

El sitio está genial, especialmente mi habitación que es la más grande y tiene baño. El salón también es muy amplio y las vistas son muy buenas porque está en el último piso. Sin embargo, los únicos muebles que había en la casa eran nuestras dos camas. Para a los que esto le sorprenda, explicarles que en Estados Unidos las casas se alquilan siempre sin amueblar. Cuando te mudas alquilas todo en un camión, metes todo lo que te quieras llevar a tu nueva casa y vendes el resto.

Nuestra oficina improvisada

Al día siguiente por la mañana fui a abrir una cuenta en el Bank of America. Me atendió un señor asiático, pero me pasó con su compañera  en cuanto le dije que era de Microsoft. Me dieron la mejor cuenta del banco, sin comisiones, con todo tipo de cheques gratis y demás ventajas que no entiendo. Además, no dejó de hablarme de lo orgullosos que deberían de estar mis padres y de lo bien que hablaba inglés (mentira). Se ve que cuando los del banco sabes que vas a ingresar $5000 todos los meses en su cuenta, te dan un trato especial.

Mi cama. Amadeo decidió comprarme un juego de sábanas y edredón de la marca Roxy porque le gustaron y no sabía que eran para chicas. Que mieeeeerda :P

Una vez arreglados este y otros temas bancarios y legales estuve dando una vuelta por el barrio, Capitol Hill. Mucha gente “rara”, muchos homosexuales y mucha comida orgánica, pero es una zona llena de vida que me gustó mucho. Capitol Hill y la comida orgánica también merecen un post aparte, así que no entraré en más detalles de momento.

Por la tarde fui con Amadeo a IKEA. Nunca había ido a IKEA y estaba muy emocionado. Sin duda, todo ser humano debería ir una vez en la vida a IKEA para desarrollarse completamente como persona. Es un gran almacén con flechas en el suelo que tienes que ir siguiendo. A los lados te vas encontrando habitaciones, cocinas y salones muy bonitos. ¡Incluso tiene cafetería para comer! Si te gusta un mueble, apuntas su número en un papel. Al final del camino de flechas llegas a una nave donde puedes encontrar los muebles que te gustaron buscándolos por su número. Están todos en cajas marrones que ocupan sorprendentemente poco comparadas con el mueble que habías visto, pero tu las echas al carro. Por último, llegas a las cajas (como las de un supermercado) y pagas.

Creo que Amadeo y yo nos emocionamos o algo así, porque compramos de todo: mesa y sillas para el salón, taburetes, lámparas, cajoneras, mesas para el ordenador… El caso es que cuando llegamos al coche no cabían los muebles. Habíamos salido los últimos, IKEA ya estaba cerrado y no quedaba nadie por allí. Y nosotros rodeados de cajas, con el coche lleno de más cajas y sin saber que hacer. Finalmente decidimos llamar a dmicol (se llama Daniel Micol, pero le llamamos siempre dmicol, en minúsculas), un chaval de Murcia que también trabaja en Microsoft, que acudió a nuestro rescate con su flamante Honda Civic con asientos abatibles.

Problemas en el IKEA

Más problemas en el IKEA

En estos últimos días me he convertido en un experto montador de muebles de IKEA. Para montar una simple silla tienes que seguir 20 pasos, pero al final te quedan unos muebles bastante chulos (y que parece que pueden romperse en cualquier momento). Poco a poco el apartamento va pareciéndose a un apartamento, aunque todavía el salón está lleno de cajas marrones. ¡Al menos ya no tengo que conectarme a Internet sentado en el suelo!

¡Las cosas han mejorado un poquito!

Ahora me voy a Albuquerque con Bob y el moruno. El moruno ya he dejado a Lucy (BIEN!), pero aún así sigue por allí y me ha prometido que me preparará banana bread cuando vaya. Ya os contaré si cumple la promesa…

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