Por un Madrid con 11 jugadores. Extripemos el cáncer, acabemos con el aplaudidor de una vez por todas!!
A principios de año retomé un a aficción a la que me enganché hace más de 10 años y que por unas cosas y otras llevaba sin tocar desde hace tiempo: las Magic. No tenía así ninguna actividad que me mantuviese entretenido en Seattle salvo el trabajo, la XBox, salir de fiesta y recuperarme de las resacas, así que decidí que necesitaba algo más. Y qué mejor que este juego de cartas, que además de dejarte sin dinero y quitarte mucho tiempo, hace que te lo pases muy bien, conozcas gentes y viajes.
Pues conocí a la gente que juega en el “Deathmatch” de Seattle y después de ir con ellos a dos PTQs y estamparme, me apunté al Grand Prix Los Angeles, el típico evento mítico que le encantaría a Marco. Jugué affinity y hice un 6-3, perdiendo la última partida (que me hubiese dado acceso al día 2) contra mi mejor enfrentamiento, debido al profundo retraso mental que me afecta desde pequeño. Pero bueno, no me voy a poner a hablar de Magic, sino de Los Angeles.
Todo el mundo conoce la gran ciudad de Los Angeles, donde está Hollywood o Disneyland, que sale en las películas y en los telediarios. Yo me la imaginaba con edificios grandes, imponentes, llena de gente por las calles. Nada más lejos de la realidad. La mayor parte de Los Angeles consiste en muchas autovías con mucho tráfico, y casas y restaurantes desperdigados al azar entre ellas. En ningún momento tienes la sensación de estar en una ciudad, tal y como concebimos una ciudad en España.
En mi habitación dormíamos Daniel, un americano de origen filipino que trabaja en Amazon, Joe, un tipo con las uñas pintadas de negro, Peter, un chaval delgado, buena gente y con un piercing en el labio, y yo. Sin embargo, el sábado por la noche se nos unieron un maricón llamado David con el pelo amarillo y un borracho llamado McDoogle. David, McDoogle y Peter ya estaban bastante borrachos cuando llegué a la habitación, ya que les habían eliminado pronto del torneo y desde ese momento habían empezado a tomar chupitos de ginebra en el baño. Aún así, nos acompañaron amablemente al resto a comprar algo de alcohol para nosotros y a comer unas hamburguesas en el In ‘n’ Out. Luego intentamos que un taxista nos llevase a alguna discoteca, pero decían que no sabían de ninguna, aunque yo creo que más bien vieron que algunos iban demasiado borrachos y no quería llevarnos…. Al final acabamos volviendo a la habitación y nos tomamos allí unas cuantas copas.
Entre unas cosas y otras me acosté algo tocado a las 5 de la mañana. Y al día siguiente en pie a las 9:30 para jugar el PTQ que empezaba a las 10. No se cómo lo conseguí, pero me levanté. Aunque ya me podría haber quedado durmiendo, pues hice un 0-3 DROP lamentable. Esta vez la cosa se le fue de las manos a David, Peter y McDoogle (a los que se le unión Daniel), que a las 7 de la tarde ya estaban MUY BORRACHOS.
Tras ponerse a preguntarle a una ancina en el ancesor “Do you want to draft?”, hacer el tonto por la zona del torneo y otra serie de locuras, nos fuimos a cenar David, Peter, Daniel y yo. Cuando salimos del restaurante entramos en un bar cutre que descubrimos justo en frente. Por desgracia estaba lleno de gordas, así que salimos de allí rápidamente. Paramos a un taxi y le dijimos que por favor nos llevase a West Hollywood, que es la zona gay de Hollywood, ya que David decía que conocía allí un buen bar (gay, obviamente).
West Hollywood me dio una impresión bien distinta a lo que había visto hasta ahora de Los Angeles. Muchas luces, un ambiente increible, mucha gente joven (y homosexual en su mayoría) por las calles, bares llenos… Les preguntamos a unas chicas que cuál era el mejor club de la zona, y nos señalaron uno, así que fuimos para allá. La parte de abajo no estaba muy llena, pero la de arriba estaba llena de chinas bailando música dance. Era curioso, pero había como un 75% de chicas, todas estaban vestidas super elegante con vestidos negros cortitos, y además la mayoría estaban muy buenas.
HISTORIA DE LA CHINA DE LA DISCOTECA:
Al rato de llegar a la discoteca, una china se acercó a hablar con mi amigo filipino (conexión asiática, yeah). El caso es que mientras hablaba con él me miraba a mí mucho, y al rato se me acercó, me cogió de la mano y me preguntó que cómo me llamaba. Se lo dije, y le expliqué que era de España y todo eso, pero cuando ella me hablaba yo no la entendía. Entre la música, el acento chino y mi inglés defectuoso no era capaz. Así que volvió con Daniel el filipino, que no perdió su oportunidad y se la llevó a unos sofás. A los 5 minutos ya le estaba comiendo la boca.
Nos fuimos del sitio y dejamos a Daniel allí ocupado. Visitamos dos o tres bares más, pero todos eran demasiado gays para Peter y para mi. David sin embargo estaba encantado, ya que es uno de esos maricones que son muy maricones. Yo estaba un poco asustado ya que llevaba desde el viernes por la noche diciéndome todo el rato “you are very cute” y preguntándome “are you really not gay?”, sin embargo supe aguantar la situación debido a la experiencia de otros gays a los que le he gustado en el pasado. Entonces sonó el teléfono: era Daniel. Una gorda, resentida porque no se come nada y llena de odio y rencor, había venido a buscar a su amiga y el pobre Daniel se iba a tener que masturbar al llegar a su casa.
Vino Daniel y nos tomamos una cerveza con él uno de los bares (gay) mientras veíamos a la única chica del local (que estaba tremanda) jugar al billar contra otro tipo (gay, logicamente). Al final dieron las 2AM y cerraron el bar, ya que de esto no se libra ni Hollywood. Así que taxi, y de vuelta a casa…
FIN DE LA HISTORIA DE LA CHINA DE LA DISCOTECA
A las 5:30 me levanté completamente hundido para coger el avión de vuelta a Seattle. Peter estaba dormido en la cama y Joe en el suelo, y el avión de ambos salía a las 6. Lo iban a perder de todas formas, así que decidí no levantarles. En la puerta del hotel me encontré de nuevo con David, el gay, y nos fuimos juntos al aeropuerto. Decir que David me cae muy bien, aunque cuando está borracho se pone un poco pesado.
Ya de vuelta en el estado de Washington recogí mi coche en el parking del aeropuerto, que me costó $78 por tres días (sí, me la clavaron bien clavada… sinvergüenzas!) y me fui directamente a la Gran Compañía, donde sufrí terriblemente durante todo el día para mantenerme despierto.
(Siento mucho el no poder ninguna foto del GP o de la noche por Hollywood, pero es que siempre o se me olvida echarlas o me da pereza!! Intentaré que no me vuelva a ocurrir…)
Con esto de las Navidades me he pasado un par de semanitas sin escribir. Es normal. Si todo el mundo tiene vacaciones, este blog no iba a ser menos. Ahora que todo ha vuelto a la normalidad (la nevera ya no está repleta de comida, hay gente a la oficina, no hay 30 cm de nieve en la calle) voy a hacer un pequeño resumen de como he pasado mis primeras Navidades fuera de casa. Empezaré con el viaje a Virginia.
Viajar a otros estados de Norteamérica siempre es una gran experiencia, ya que hay una gran diferencia de uno a otro. Estuve en un pueblecito de Virginia llamado Blacksburg, que es dónde se encuentra la famosa universidad de Virginia Tech, dónde se produjo una matanza hace unos años. Blacksburg es totalmente distinta de Seattle y de Albuquerque: más conservadora, más “verde” (por las mañanas te asomabas por la ventana y veías ciervos comiendo hierba en el jardín) y con un estilo totalmente distinto en los edificios universitarios.
Además de comer pavo y pecan pie y de visitar los bares de Blacksburg (de los cuales sólo había dos abiertos por la falta de estudiantes) hice algunas cosas interesantes. Una de ellas fue una excursión a unas cascadas cercanas. Era sólo como una hora andando, pero el sitio estaba bastante bien. Como hacía frío parte de la cascada estaba congelada, lo cual era bastante curioso.
Otra cosa interesante fue una visita a una tienda de country en un pueblo cercano en la que todos los viernes hay conciertos en directo. La tienda, además de vender discos de country y gorros de cowboy, tenía una parte con sillas y un escenario, y un hueco para bailar. La primera parte del concierto fue un matrimonio cantando canciones navideñas y sobre dios. Al parecer es señor era uno de los fabricantes de instrumentos de country más famosos del mundo.
La segunda parte fue más movida. Se subieron cuatro señores con distintos instrumentos y empezaron a tocar canciones casi sin letra pero bastante movidas. Eso sí, a mi me sonaban todas igual. Apartaron las sillas y toda la gente se puso a bailar allí en medio, en frente del escenario. El country se baila basicamente dando zapatazos contra el suelo todo el tiempo, por lo que algunas personas incluso llevaban zapatos especiales que sonaban más (tipo claqué).
En mitad del concierto daban una gorra a la persona que hubiese venido desde más lejos. Yo me las prometía muy felices y ya me veía con la gorra en la cabeza, pero de pronto apareció un australiano y un chino y me la liaron. Que ruina…
Decir que en Virginia la familia Faith me trató de maravilla y les estoy muy agradecido. Además me regalaron una Biblia que ahora tengo en la mesilla, pero que todavía no he empezado a leer.
Los días pasaron rápido y volví a Seattle el domingo. La semana fue muy tranquila porque casi no había nadie en el trabajo, y afortunadamente ya se había derretido toda la nieve y se podía conducir sin problemas.
El miércoles fue nochevieja. Hicimos una cena en nuestra casa y invitamos a varios españoles: Alberto, Pedro y Dani. También vinieron Gerardo y unos amigos suyos mexicanos, unos chinos amigos de Alberto y hasta apareció Bob, que había venido a Seattle a pasar unos días! El menú consistió en un salmón de 4 kilos al horno, gambas al ajillo, pan con tomate y jamón ibérico, queso de oveja de mi pueblo, nachos con guacamole y salsa, ensalada y un par de tortillas de patatas. Estaba todo buenísimo y acabamos hasta las cejas, pero aún así sobró bastante comida.
Se acercaban las 12, pero ni tenemos televisión ni aquí hay campanadas, así que tuvimos que buscar una alternativa. Fuimos a YouTube y encontramos un vídeo de las uvas. Luego conectamos el portátil a la tele y asunto arreglado =) Repartimos servilletas con 12 uvas y nos las tomamos con los chicos de Fama (el único vídeo de las campanadas de 2009 que se veía bien era el de los de Fama). Luego brindamos con Freixet que habíamos encontrado en el Safeway y empezamos a darle a los cubatas en serio y al Rock Band.
El ruido fue creciendo según aumentaba nuestro alcohol en sangre, y a eso de la 1:30 se ve que el vecino no aguantaba más y fue a nuestra puerta y pegó tres puñetazos que retumbaron en el apartamento. Ese fue el final de la fiesta. Así que nos fuimos a una fiesta que habíamos encontrado en el Facebook en una casa desconocida y con gente desconocida, pero en la que servían alcohol gratis y pinchaban 5 Dj´s distintos a lo largo de la noche. Estuvimos allí hasta las 5:30 o así y nos marchamos a casa totalmente hundidos. Empezar con la cerveza y el vino antes de cenar no había sido buena idea…
Y eso es todo. Enero se presenta interesante, con los rumores de despidos en Microsoft, las primeras revisiones de rendimiento y el GP Los Angeles. Ya os contaré!
(Siento no tener fotos de Nochevieja. Entre la cena y el vino, me lié y se me olvidó)
El tiempo en Seattle estos últimos días ha sido terrible. De poder pasear durante el día casi en camiseta se ha pasado a no poder salir de casa por la nieve. El miércoles comenzó a nevar y al día siguiente cerraron hasta los colegios. La Gran Compañía también cerró , ya que era peligroso conducir hasta sus edificios.
La ciudad estaba desierta , no se distinguían las líneas de las carreteras y algunos coches estaban sepultados por la nieve. Salí con Amadeo, Dmicol y Luís el Chileno a comer a un restaurante mexicano que tenemos cerca de casa. Por el camino nos encontramos autobuses parados en medio de la carretera que, a pesar de llevar cadenas, se habían quedado atascados. Parecía una película de estas tipo “El día de mañana”.
El viernes la cosa no estaba mucho mejor, pero tuve que ir a la oficina ya que había tenido un problema con mi ordenador y no podía acceder a él desde casa. El camino hasta la autopista no estaba mal del todo, y la carretera tampoco. Sin embargo, cuando estaba a punto de llegar a mi destino, el coche se quedó atascado en un semáforo que se encontraba en cuesta. Un señor negro con un cigarro en la boca se me acercó rápidamente y me dijo: “Haz lo que yo te diga. Tengo mucha experiencia conduciendo en nieve”. Posiblemente era de Chicago. Después de ir hacia atrás y hacia delante unas cuantas veces logré salir de allí y pude aparcar el coche en el parking.
Arreglé el problema en unas horas, intenté trabajar algo y me fui a casa a las 3 de la tarde antes de que se hiciese de noche y las carreteras se congelasen. La rampa del parking es muy pronunciada y estaba llena de nieve, así que ya me olía lo que iba a pasar: no podía salir de allí. Subía por la cuesta y por la mitad las ruedes empezaban a irse a los lados y tenía que frenar y bajar. Con la inestimable ayuda de Pedro, a base de subir y bajar para quitar la nieve, y tras 20 largos minutos conseguí escapar y volver a casa. Mientras cenaba, Dmicol me llamó para contarme con dos autobuses habían chocado y se habían quedado colgando de un puente.
La madrugada del sábado al domingo empezó un fuerte tormenta de nieve. Nevaba y nevaba. No paraba de nevar. El nivel de nieve estaba bastante por encima de los tobillos, y Luís me llamó para decirme que habían cerrado el aeropuerto, su vuelo había sido cancelado y tenía que quedarse a dormir en mi casa. En ese momento, me asomé a la ventana y vi a un señor esquiando por el medio de la carretera. Totalmente surrealista.
La nieve es bonita, pero es duro pasarse todo un fin de semana sin poder salir de casa. Y más si te acabas de comprar un coche para poder ir con total libertad a cualquier sitio. Ni me quiero imaginar lo que debe pasar un mes encerrado por culpa del mal tiempo…
Siguió nevando durante todo el domingo, así que el lunes no pude ir a trabajar tampoco. Habría como unos 35 centímetros de nieve y casi no se veían coches por las calles, aunque si alguno más que el domingo. El principal problema es que tenía que coger un vuelo esa misma noche a las 11:50 y no tenía forma de llegar al aeropuerto. Los teléfonos de los taxis comunicaban, y Gerardo no me podía acercar con su 4×4 porque tenía que trabajar. Al final conseguí contactar con una compañía de taxis, y un indio llamado Raj me recogió en la puerta de mi casa.
Por el camino Raj me estuvo preguntando sobre España. Sobre los vascos y sobre los musulmanes. También me contó que había trabajado en una licorería de San Francisco y que sabía algo de español. Para demostrármelo dijo: “Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ocho, nueve, cerveza, ¿donde está el baño?, nada nada, vale, te quiero mi amigo”. Estoy seguro que podría sobrevivir en España con ese vocabulario. Luego me recordó que las americanas estaban todas locas y que si me casaba lo hiciese con una española. Por último hablamos de religión. Como la mayoría de indios, él también era hindú. Me explicó que los musulmanes odian a los hindúes. Cuando le pregunté por qué, él me respondió: “Por lo mismo que odian a los cristianos o a los de otras religiones. Los musulmanes odian a todo el mundo y no saben vivir en democracia, solo esclavizados. ¡Jodidos musulmanes! “
Escribo esto desde el aeropuerto de Seattle mientras me tomo un café y una magdalena de limón en el Starbucks. Son las 11:30 de la noche y mi avión sale en hora media porque se ha retrasado por la nieve. Se que es tarde para un café, pero me apetecía. ¡Feliz Navidad!
Con el reciente nacimiento de la Web 2.0, muchas otras cosas han pasado a ser también 2.0. Una de esas cosas son los cumpleaños. Antes, en tu cumpleaños, recibías tarjetas de felicitación graciosas o tarjetas que al abrirlas sonaba la melodía de cumpleaños feliz. También había quien te llamaba por teléfono o, sobre todo en los últimos años, te mandaba un SMS. Todo eso ha pasado a la historia. Ahora lo que se lleva son los Cumpleaños 2.0™.
El pasado martes 16 de Diciembre cumplí 23 años y viví mi primer Cumpleaños 2.0™. Recibí 22 felicitaciones por Facebook y 63 por Tuenti, muchas de ellas de gente con la que apenas mantengo relación. Por el contrario, sólo recibí 3 e-mails (2 de ellos de familiares), 2 llamadas (1 de ellas de mis padres) y 1 sms. Sin duda el e-mail y sobretodo la llamada, de una persona muy especial, me hicieron una gran ilusión.
Creo que no está mal felicitar con un mensajillo en Tuenti, sobre todo si se trata de una persona con la que no tienes mucha relación, ya que es cómodo y quedas bien. Sin embargo, si se trata de un buen amigo o de alguien cercano, creo que es un buen detalle el coger el teléfono y llamar, o más fácil aún, escribir unas cuántas líneas y mandarlas en un e-mail.
Desde aquí quiero agradecer a todo el mundo que se acordó de mi, en especial a Amadeo, Dani y Pedro, mis amigos de Seattle, que me preparon una cena con huevos fritos y jamón y me hicieron algunos regalitos =)
MUCHAS GRACIAS A TODOS!!
(Escrito desde Windows 7 Beta)
Para mi gusto, lo mejor de trabajar para la Gran Compañía es que no hay un horario fijo de trabajo. No se trabaja de 7:00 a 15:00 como en una empresa tradicional, sino que cada cual es libre de ir y marcharse de su oficina cuando quiera dentro, claro está, de unos límites, ya que a veces hay reuniones importantes a las que hay que asistir. En teoría cada empleado debe trabajar 8 horas al día, de lunes a viernes, aunque en el fondo lo importante es que realice el trabajo que se le ha asignado.
Otra gran ventaja es la posibilidad de trabajar desde casa. Utilizando tu tarjeta de identificación de la Gran Compañía y un ordenador con conexión a Internet puedes conectarte en cuestión de segundos a tus ordenadores de la oficina. De esta manera, si un día te surge un imprevisto o simplemente está nevando y es peligroso conducir, puedes trabajar cómodamente desde casa.
Para mi todo esto es un lujo, una bendición. Si un martes por la noche salgo de fiesta y me acuesto a las 2:30, no hay ningún problema: me levanto a las 11 y llego un poco más tarde a casa. Si voy al gimnasio, puedo quedarme hasta que me apetezca: no tengo que acabar más o menos tarde para estar a la oficina a una hora concreta.
Tampoco hay que presentar ningún documento si te pones enfermo o vas al médico. Con mandar un e-mail a tus compañeros para decirles que te encuentras mal y no vas a ir a trabajar, y luego rellenar un pequeño formulario en la Intranet es suficiente. La Gran Compañía confía en tí; saben que amas tu trabajo. De hecho, muchos de sus empeados no utilizan sus días de vacaciones (sí, no me lo estoy inventando) porque no lo ven necesario, porque prefieren ir a sus oficinas.
Sin embargo, hay gente que “abusa” de estos privilegios. Vemos un par de ejemplos reales ocurridos HOY:
Mensaje 1: OOF (Out Of oFfice)
“OFF hasta la 1 porque tengo que llevar a mi cuñado al aeropuerto.”
Efectivamente, llegó a la 1, pero a las 4:30 ya se había marchado.
Mensaje 2: WFH (Work From Home)
¨WFH porque mi novia está enferma.¨
Si está enferma tu hija de 3 años, tiene sentido. Si lo está tu novia DE 25 AÑOS, no.
A pesar de estos casos, cuando monte mi propia empresa me gustaría no tener horarios y que mis empleados trabajasen por objetivos. Creo que esta forma de trabajar tiene mucho más sentido en la industria informática que la del horario tradicional. En mi opinión, es mejor que un trabajador termine su trabajo en los plazos previstos aunque trabaje 3 horas al días desde su casa a las 12 de la noche que tenerle en la oficina leyendo el Marca y mamoneando durante 8 horas. La pregunta que me hago es, ¿sería posible implantar algo así en un país como España?
La Gran Compañía (a partir de ahora la llamaré así, en honor al Gran Centro Comercial) tiene cafeterías en algunos de sus edificios. Las cafeterías tienen varias secciones donde sirven distintos tipos de comida: sandwiches, ensaladas, hamburguesas… Coges lo que quieras y pasas por caja, donde una amable señorita (en el 90% de los casos mexicana) te cobra y te da un rasca en el que te pueden tocar descuentos para tus próximas comidas, una bicleta u otros premios.
Yo suelo comer en la cafetería de mi edificio, que se encuentra justo al lado de mi oficina. Compro mi comida, la pago, y cuando me la he terminado vuelvo a la cafetería y me compro una manzana. Lo de no comprar la manzana y la comida a la vez es en ocasiones fruto del despiste, pero también hay veces que lo hago premeditadamente para así conseguir dos rascas en vez de uno. Que le vamos a hacer, me gustan mucho esas tonterías.
El caso es que a base de comprar manzanas la cajera mexicana se empezó a fijar en mi. Además, desde que la hablé en español, me empzó a hablar siempre que pagaba.
-¿Por qué siempre compras primero la comida y luego una manzana? —pregunta.
-Es que soy un chico muy despistado —contesto yo con una sonrisa.
A base de repetir este comportamiento, la cajera se empezó a enamorar de mi. La primera vez que me di cuenta de esto fue un día que me compré un sandwich de pollo con el pan más caro. Al pagar, la cajera me dijo:
-Te lo voy a cobrar como un sandwich vegetariano de pan bimbo. Así te ahorrarás $1.
-¡Muchas gracias! —respondí.
-De nada. ¿Vas a venir luego a por tu manzanita?
-Claro.
A la semana siguiente, la cajera mexicana tuvo un nuevo detalle:
-Toma, unos rascas premiados que he conseguido. Con esto te ahorrarás dinero en tus próximas comidas. Por cierto, ¿cuál es tu oficina?
-Es la que está en la esquina de ese pasillo. Está muy cerca de la entrada de la cafetería —le expliqué mientras señalaba a la puerta.
-Ah, qué bien —respondió ella.
Lo de la oficina me lo ha preguntado ya varias veces. Desde entonces temo que la cajera mexicana, cuando menos me lo espere, se presente en mi oficina para invitarme a tomar un café. Y digo “temo” porque es bastante fea. Si fuese rubia y guapa, ya la habría invitado yo.
Seattle es una ciudad muy nueva, avanzada y progresista. Además de tener autobuses eléctricos, que van conectados a un cable de la luz como los coches chocones de la feria, la gente es muy liberal. La mayoría de la gente lo ha probado ya todo en temas de sexo, por lo que deciden hacerse bisexuales. Les da igual carne o pescado. Algunos, incluso, van aún más allá.
El otro día leí un par de mensajes en el periódico gratuito de la ciudad, The Stranger, enviados por lectores a una sección que es como un consultorio de sexo. Me parecieron curiosos y muy ilustrativos, por lo que quiero comprartirlos con vosotros. Más o menos venían a decir lo siguiente:
Mensaje 1
La otra noche mi marido y yo estábamos en casa muy borrachos. Él estaba muy cachondo y me contó que su mayor fantasía era ver como un perro me penetraba. Me sacó varios videos pornos de zoofilia y me los estuvo enseñando. A mi no me gustaron, pero también me calenté mucho al ver lo cachondo que él se ponía al verlos. Le dije a mi marido que no me importaba que tuviese esa fantasía, pero que iba a hacer nada con un perro. ¿Es normal el comportamiento de mi marido?
Mensaje 2
Mi marido no quiere chuparme la vagina. Por mucho que se lo pido, él dice que no, que supera sus límites morales. Estoy sufriendo mucho porque no puedo conseguir buenos orgasmos sin sexo oral. A él, sin embargo, le encanta que le haga felaciones mientras le meto un dedo en el ano. Si esto sigue así creo que tendré que buscar el sexo oral fuera de mi matrimonio. ¿Qué debería hacer?
Bienvenidos a Seattle =)
Esto es un playmobil que entra en un bar y le dice al camarero:
- Perdone, ¿me sirve una Fanta?
El camarero le pregunta:
- ¿De naranja o de limón?
Y el playmobil contesta:
- Da igual, si me la voy a tirar por la espalda.
Érase una vez dos amigos llamados Pepe y Juan que vivían en un pequeño pueblo. Pepe era el mejor del lugar manejando la pala. Tenía unos fuertes brazos que le permitían manejar la herramienta con agilidad, y era capaz de sacar kilos de tierra de una sola vez. Juan, sin embargo, prefería el pico. Se comentaba que no había roca que resistiese sus poderosos golpes.
Una tarde de verano decidieron hacer entre los dos el agujero más grande del mundo a las afueras del pueblo. Cada uno fue a por su herramienta y ese mismo día se pusieron manos a la obra. Juan picaba el suelo y rompía las piedras que se encontraba a su paso, mientras que Pepe recogia la mezcla de tierra removida y gravilla. Ambos estaban muy ilusionados con su nuevo proyecto y se juntaban cada día para cavar, por lo que el agujero creció rápidamente.
Pasaron los meses y el agujero siguió creciendo. Un dia, Juan empezó a darle vueltas a lo que estaba haciendo. –“¿Cual es el sentido de cavar el agujero más grande del mundo?” –reflexionaba. Pero no quería decepcionar a su amigo Pepe, que no pensaba en otra cosa, por lo que siguió picando cada dia. Sin embargo, ya no le dedicaba tantas horas ni picaba con tanta fuerza.
Crecía el agujero con el paso del tiempo, aunque a un ritmo mas lento que antes. Además, cuanto más profundo era el agujero más duras eran las rocas y más compacta la tierra. Juan ya no picaba con las mismas ganas que antes, y Pepe lo empezaba a notar. –“¡Dale mas fuerte, Juan!” –gritaba. Y Juan golpeaba con todas sus fuerzas durante unas horas. Pero ya no creía en el agujero, y alcabo de un rato su ritmo volvia a bajar.
Llegó un momento en el que las piedras eran demasiado duras para continuar. Ese dia Juan se había ido a su casa hace unas horas y Pepe se habia quedado cavando, como venia siendo habitual últimamente. Como veía que no era capaz de sacar más tierra con su pala, cogió el pico. –“Este agujero no puede fracasar!” –se decía a si mismo. “¡Algún día será el mas grande y profundo del mundo, estoy seguro!”. Pero un picar también requiere técnica, y a pesar de su fuerza apenas era capaz de arrancar algunas piedrecillas de las grandes rocas.
Cada noche, enfadado, Pepe se volvía a su casa. Se culpaba a si mismo de que el agujero no avanzaba. –“No soy lo suficientemente fuerte” –pensaba. Al día siguiente picaba durante más tiempo que el día anterior, pero sin resultado alguno. De tanto picar le empezaron a doler los brazos, y ya ni si quiera era capaz de cavar. Pronto comenzó a desilusionarse, e incluso se comportaba de manera extrana con su gente mas cercana. Al cabo de un mes, decidió dejar el agujero y también dejo de ver a su amigo Juan.
Si algún día os acercais al pueblo de Pepe y Juan, podéis ver todavia el agujero que cavaron. Ya no es tan profundo, pero sigue ahí, como si fuese una marca o una cicatriz.

Y es que hay cosas en la vida que se tienen que hacer entre dos. Por mucho que se esfuerce una de las partes, sin la otra no hay nada que hacer. En esos caso es mejor no culparse a uno mismo, sino pensar que no pudo ser y dejar que la brisa levante el polvo que, poco a poco, irá cubriendo el agujero.



























