Estados Unidos

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En Estados Unidos hay que dejar siempre propina cuando se va a un restaurante. A los camareros les pagan el salario mínimo y practicamente todo lo que ganan viene de las propinas. Normalmente se deja aproximadamente un 15% de lo que haya costado la comida.

Esto se puede ver como algo positivo o como algo negativo. Por un lado, el que el sueldo del camarero venga de las propinas significa que el cliente va a recibir un mejor servicio, ya que de su satisfación depende la cuantía de la propina. Sin embargo, también se puede ver como un chollo para los dueños del restaurante, que casi no tienen que pagar a sus camareros porque de ello se encargan los clientes. La propina no es obligatoria, pero si no la dejas mejor que no vuelvas a ese sitio porque si lo haces te escupirán en la comida. Personalmente, considero que la propina debería ser algo opcional que el cliente puede dejar si quiere para recompensar al camarero si le ha atendido bien. Vamos, como en España.

El viernes después de trabajar fui a comer a un restaurante de sushi con Amadeo. La cena salió por 47 dólares y sólo nos pedimos 5 rollos. Me pareció muy caro para la calidad de la comida, y encima tardaron más de 20 minutos en servirnos la comida. Como no estaba contento con el servicio, dejé 3 dolares de propina, apenas un 5% del total.

Salí del restaurante y cuando estaba a punto de entrar en el coche salió la camarera china del restaurante corriendo y gritándome. Me acerqué a ver que pasaba y, enfadada, me preguntó que por qué le había dejado tan poca propina mientras golpeaba con el dedo el ticket que yo acababa de firmar, el cual había traido consigo. Le respondí que habían tardado mucho en servirnos. La china me explicó en mal tono que no era su culpa, que había mucha gente y el chef no daba abasto. Entiendo que la camarera no tiene ninguna culpa, y que el que yo le deje poca propina va a afectar a su sueldo, pero yo como cliente tampoco tengo por qué pensar en si la culpa es del camarero, del chef o del jefe. Por tanto le dije que ese no era mi problema, que se lo explicase al jefe y le dijese que contratase más chefs. Me respondió con un “Thank you” que sonó más bien a “Ojalá te mueras!” y se fue.

Ya se de un restaurante al que no puedo volver.

Quiero compartir con vosotros una pequeña historia que me ha ocurrido durante este primer mes en Seattle y cuyo último capítulo transcurrió durante el fin de semana.  Esta historia refleja perfectamente lo miserable que puede llegar la raza humana, y como si intentas portarte bien con la gente la mayoría de las veces se aprovecharan de ti todo lo posible y luego se reirán de lo pardillo que has sido.

 

Hace unas tres o cuatro semanas Amadeo invitó a M, un chaval americano que acababa de conocer en el trabajo a salir con nosotros. Se vino a casa y le invitamos a tomar un par de cubatas antes de irnos al bar donde era la fiesta. Como no tenía cash y la entrada valía 10 dolares se la pagué yo. Dentro Amadeo pidió una ronda de bebidas para todos, y luego yo otra. Sin embargo cuando le toco a M se pidió una bebida solo para él.

La semana siguiente, M se vino otra vez a casa. Esperaba que esta vez trajese algo de beber, pero no fue así. Es más, según cruzó la puerta y sin preguntar abrió el congelador y se sirvió un cubatazo de MI ron. A este cubata le siguieron un par más, hasta que se acabó la botella y nos fuimos a una discoteca.

El ron que se bebió M

El ron que se bebió M

Cuando volvimos de la discoteca, nuestro amigo M estaba bastante borracho y tenía hambre. Ni corto ni perezoso fue a la nevera y se preparo un buen burrito con el guacamole y las tortillas de Amadeo. Acto seguido se tumbó en el sofa, pero como no era lo bastante cómodo para él se levantó y metió en la cama de mi compañero de piso. Cuando me asomé a la habitación sólo le podía ver la cabeza, porque el tío estaba bien arropadito para no pedir suelo. El pobre Amadeo, que es un cacho de pan, se durmió en el suelo del salón para no molestarle…

Este fin de semana M vino a casa por tercera vez. Yo no quería que viniese, pero Amadeo quería darle una nueva oportunidad. Llegó y antes de decir hola preguntó: “Do you have some food?” Habíamos cocinado pollo y a Amadeo no le apetecía mucho, así que le dio el suyo. Pero un par de filetes de pollo no eran suficientes para su exigente paladar, por lo que cogió un par de rebanadas de mi pan bimbo de la nevera y se preparó un buen sandwich. Luego se sirvió un calimocho y se echó unas cuantas partidas al Rock Band 2 en nuestra XBox 360.

Teletubbies, teletubbies! (8)

Teletubbies, teletubbies! (8)

Durante la noche de Halloween M se volvió a casa antes que el resto en su coche. Amadeo había dejado sus llaves y su cartera allí, por lo que tuvo que llamarle para que se las devolviese. M vino por la tarde, le dio a Amadeo sus cosas y dijo: “Me voy, que he quedado con mis roommates para ir de fiesta y tengo prisa”. Ni le invitó a irse con él, ni le dio las gracias por la noche anterior ni nada. Tal cual.

Halloween 2008 en Seattle

Halloween 2008 en Seattle

 

Logicamente esta escoria, por llamarla de una manera, no va a volver a entrar en esta casa. Que cada cual saque sus propias conclusiones… Buenas noches.

Mucha gente me ha preguntado últimamente si no me da miedo marcharme a vivir tan lejos, dejando atrás familia y amigos. Pues bien, voy a intentar responder a esa pregunta.

Tu familia siempre estará ahí, por eso es tu familia. Tus amigos, si son amigos de verdad, te recibirán con los brazos abiertos aunque no los hayas visto en los últimos tres años. Por lo demás, me espera una nueva ciudad que descubrir, un trabajo interesante en el que tendré como compañeros a los mejores del mundo en su profesión, un buen sueldo y hasta un compañero de piso que, además de ser un buen amigo, habla mi idioma, lleva seis años viviendo en los Estados Unidos y puede echarme una mano cuando lo necesite.

¿Miedo? Lo que de verdad me daría miedo sería pasar los próximos diez años de mi vida en Cáceres o en mi pueblo.