Diciembre 2009

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En unas horas sale mi vuelo a Buenos Aires. Para mí es un sueño poder visitar por fin Argentina, después de tantos años queriendo ir. Además de Argentina, pasaré la Navidad en Uruguay y el Año Nuevo en Chile. Me llevo mi mini-portátil y la cámara de fotos, así que intentaré actualizar durante el viaje para manteneros al tanto de mis aventuras.

Un fuerte abrazo a todos, especialmente a Carmelo al que se que le encantaría hacer este viaje conmigo, y que paséis unas buenas Navidades!

buenos-aires

La cosa que más me llamaba la atención de J, además de que sabía hacer magia, era que siempre que le veía con una chica, la chica le estaba dando un masaje en la espalda. Siempre funcionaba de la misma manera: él se sentaba y apoyaba los brazos sobre la mesa; a continuación, ponía cara de dolorido y se inclinaba hasta que su cabeza descansaba cómodamente entre sus brazos cruzados; la chica, automáticamente, se colocaba detrás de él y le empezaba a masajear los hombros, el cuello y la espalda. El numerito lo había visto con su novia, con la amiga de Madrid con la que quedaba por una hora en el metro antes de ir al aeropuerto, con una chica rumana que acababa de conocer hace unas horas y un largo etcétera. Pero, ¿cuál era el secreto?

Un día, durante un viaje a Lisboa, decidí averiguarlo.

– Oye J… ¿y tu como consigues que todas las chicas te den masajes en la espalda? –le pregunté intrigado–.

– ¿Los masajes? ¡Si es muy fácil! Yo les digo que me duele la espalda y que si no les importaría darme un masaje –respondió J con tranquilidad–. Muchas veces sólo hay que pedir las cosas. Te sorprenderías de la cantidad de gente que responde “sí”.

Entonces, allí mismo,  en una especie de centro comercial tipo El Corte Inglés, para demostrármelo se acercó a uno de los empleados que te cobran la ropa.

– ¡Hola! Verá, estoy buscando con mis amigos como llegar al hotel Fulanito. ¿Le importaría mirar en Google Maps qué autobús tenemos qué coger? –preguntó J–.

– Claro, por supuesto –respondió el dependiente mientras empezaba a teclear–.

Así que ese era todo el secreto, pedirlo… Ni frases mágicas, ni técnicas secretas, ni nada de nada. ¡Tiene cojones!

El pasado sábado fue la fiesta de Navidad del trabajo. La entrada incluía un ticket para una bebida, pero el resto salían a $7. El ticket de la bebida te lo daban en una mesa unas muchachitas después de dejar el abrigo. Fue ahí cuando me vinieron a la cabeza las enseñanzas de J.

– ¡Hola! Perdona, ¿qué puedo hacer para conseguir más tickets de bebidas? –pregunté a las dos chicas que estaban detrás de la mesa–.

– Sólo sonreir –respondió una de ellas, al mismo tiempo que me daba dos tickets extra a mi, y otros a mi amigo–.

Esto es un ejemplo bastante simple, pero creo que la moraleja está clara: muchas veces lo único que tenemos que hacer para conseguir algo ES PEDIRLO. Una vez más, el triunfo de lo simple y lo sencillo =)

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Típico domingo de resaca en Vancouver. Me doy una ducha para despejarme y busco en la guia de Lonely Planet un restaurante para ir a tomar un brunch. Tengo ganas de una buena tortilla, café y un zumo de naranja, asi que me decido por una “tortillería” que tiene muy buenos comentarios.

Entramos al restaurante y hay un monton de gente esperando. “Vaya, si que debe ser bueno este sitio” –pienso. Apunto mi nombre en una lista que hay en un cuaderno y por desgracia compruebo que hay bastante gente delante nuestra. Una camarera con un pendiente en la nariz llama al siguiente grupo de personas. Me quedo mirando a la chica; no es especialmente guapa y tienes los pechos pequeños, pero tiene algo que me atrae. Sencillez, simpatia, no lo se muy bien, pero me llama la atención.

Tras casi una hora de espera conseguimos una mesa y podemos comer. La tortilla esta deliciosa. Pagamos y mientras esperamos a que la camarera gorda que nos está sirviendo traiga los recibos, me fijo de nuevo en la camarera del pendiente en la nariz. Definitivamente tiene algo que me gusta. Me quedo mirándola, y cada vez que ella levanta la vista y me mira yo la sonrio.

La camarera gorda trae los recibos de las tarjetas de credito para que los firmemos. Entonces se me ocurra una idea. Escribo el reverso de mi copia mi nombre, mi número de teléfono y una carita sonriente. Luego, hago un pajarito de papiroflexia de manera que mi numero de telefono quede dentro y no se vea. Nos levantamos, y antes de salir del restaurante me acerco a la camarera del piercing:

Ángel: Hola, te he hecho un pajaro de papel porque me has caido bien a pesar de no ser nuestra camarera.
Camarera: Muchas gracias!
A: Me gusta mucho tu pendiente. La proxima vez que venga aqui pedire que seas tu la que nos sirva.

Al dia siguiente, ya en mi ciudad, recibo un mensaje de un numero desconocido que solo dice “Hola.” La conversacion completa por mensajes fue asi:

Camarera: Hola
Ángel: Hola! Quien eres?
C: Me diste tu numero?
A: Ahhh, la camarera guapa! Sonrisa
C: Sonrisa
A: Asi que rompiste mi pájaro…
C: Soy una chica curiosa y queria saber si habia algo dentro
A: Me gustan las chicas curiosas
C: De donde es el prefijo de tu numero de telefono?
A: Es de Nuevo Mexico, pero ya no vivo ahi
C: Oh, que guay
A: Jaja tu respuesta no tiene demasiado sentido!;) Vivo en Seattle
C: Oh, entonces no vives en Vancouver?
A: No, pero voy a volver en Febrero a los Juegos Olimpicos
C: Pasate por mi restaurante
A: Por qué esperar a la hora del desayuno? Mejor quedamnos el viernes por la noche a tomar una cerveza

Y ahí quedó todo. Cuando vaya a los Juegos Olímpicos de invierno llamare a la camarera del piercing y a ver que pasa!

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