La cosa que más me llamaba la atención de J, además de que sabía hacer magia, era que siempre que le veía con una chica, la chica le estaba dando un masaje en la espalda. Siempre funcionaba de la misma manera: él se sentaba y apoyaba los brazos sobre la mesa; a continuación, ponía cara de dolorido y se inclinaba hasta que su cabeza descansaba cómodamente entre sus brazos cruzados; la chica, automáticamente, se colocaba detrás de él y le empezaba a masajear los hombros, el cuello y la espalda. El numerito lo había visto con su novia, con la amiga de Madrid con la que quedaba por una hora en el metro antes de ir al aeropuerto, con una chica rumana que acababa de conocer hace unas horas y un largo etcétera. Pero, ¿cuál era el secreto?
Un día, durante un viaje a Lisboa, decidí averiguarlo.
– Oye J… ¿y tu como consigues que todas las chicas te den masajes en la espalda? –le pregunté intrigado–.
– ¿Los masajes? ¡Si es muy fácil! Yo les digo que me duele la espalda y que si no les importaría darme un masaje –respondió J con tranquilidad–. Muchas veces sólo hay que pedir las cosas. Te sorprenderías de la cantidad de gente que responde “sí”.
Entonces, allí mismo, en una especie de centro comercial tipo El Corte Inglés, para demostrármelo se acercó a uno de los empleados que te cobran la ropa.
– ¡Hola! Verá, estoy buscando con mis amigos como llegar al hotel Fulanito. ¿Le importaría mirar en Google Maps qué autobús tenemos qué coger? –preguntó J–.
– Claro, por supuesto –respondió el dependiente mientras empezaba a teclear–.
Así que ese era todo el secreto, pedirlo… Ni frases mágicas, ni técnicas secretas, ni nada de nada. ¡Tiene cojones!
El pasado sábado fue la fiesta de Navidad del trabajo. La entrada incluía un ticket para una bebida, pero el resto salían a $7. El ticket de la bebida te lo daban en una mesa unas muchachitas después de dejar el abrigo. Fue ahí cuando me vinieron a la cabeza las enseñanzas de J.
– ¡Hola! Perdona, ¿qué puedo hacer para conseguir más tickets de bebidas? –pregunté a las dos chicas que estaban detrás de la mesa–.
– Sólo sonreir –respondió una de ellas, al mismo tiempo que me daba dos tickets extra a mi, y otros a mi amigo–.
Esto es un ejemplo bastante simple, pero creo que la moraleja está clara: muchas veces lo único que tenemos que hacer para conseguir algo ES PEDIRLO. Una vez más, el triunfo de lo simple y lo sencillo =)
