Este post va dedicado a María, la cuál una noche hace ya varios años dijo una frase terrible: “La gente nunca cambia. Uno no puede cambiar”.
Soy una persona que piensa mucho. Mucho. Incluso a veces demasiado. Me fascina el ser humano y sus comportamientos. Creo que una persona es algo increible, y que está capacitada para conseguir todo lo que se proponga. Sin embargo, nos empeñamos en autolimitarnos y vivir como mierdas en vez de como dioses, de arrastrarnos en vez de ser seres invencibles. A pesar de eso, nuestros poderes nunca nos abandonan. Y precsiamente uno de los grandes poderes que tenemos los hombres es la capacidad para cambiarnos a nosotros mismos, para mejorar.
El negar la posibilidad de cambiar implica que el quiénes somos, nuestra forma ser, nuestra personalidad, viene determinada unicamente en los genes. Como mucho puede influir la educación, pero sólo durante los primeros años de nuestra vida. El decir que los hombres no pueden cambiar significa que llegamos a un punto en el que estamos completos, en el que estamos definidos, en el que hemos acabado de forjar nuestra “personalidad”.
Pero… ¿qué es la personalidad? ¿Es acaso algo inmutable? ¿Existen realmente personas a las que les tocó ser “vagas” o “alegres y extrovertidas” y que no pueden hacer nada para cambiarlo? Pues no, no es así. La personalidad no es más que un conjunto de rutinas, de costumbres que tenemos asimiladas, y que determinan la forma en que, generalmente, nos comportamos. Todas estas rutinas y se costumbres las aprendemos a lo largo de nuesta vida, aunque tienen especial importancia aquellas que nos inculcaron nuestros padres y que adquirimos de pequeños.
El hombre es un animal de costumbres. Haz algo de manera constante, a ser posible cada día a la misma hora, durante el tiempo suficiente y se convertirá en rutina. Ese acto se volverá parte de ti. Existen buenas y malas costumbres. Las buenas costumbres se pueden perder; sin embargo, las malas no se pueden borrar. Sólo se pueden sustituir por otras. Y esa es la buena noticia: gracias a una cosa llamada fuerza de voluntad cualquier puede cambiar su rutina y sus costumbres (a ser posible a mejor), y por tanto cambiar su personalidad. Un ejemplo de esto fue Benjamin Franklin. En su autobiografía cuenta lo siguiente:
“… pero un un amigo me comentó amablemente que en general la gente me consideraba orgulloso, que mi orgullo aparecía habitualmente en mis conversaciones, y que no me conformaba con tener la razón cuando estaba discutiendo de algún tema, sino que era autoritario y bastante insolente.
Me puse como regla abstenerme de contradecir los sentimientos de los demás y evitar cualquier afirmación positiva sobre mi mismo. Incluso me prohibí usar cualquier palabra o expresión que indicase una opinión fija, como ¨”iertamente”, “sin lugar a dudas”, etc., y me acostumbré en su lugar a usar “considero”, “entiendo” o “imagino”. Cuando alguien decía algo que yo consdiraba un error, me negaba a mi mismo el placer de contradecirle abruptamente y mostrarle inmediatamente lo absurdo que era lo que acababa de decir; y al responder, empecé a darme cuenta que en ocasiones su opinión era correcta. Pronto aprecié las ventajas de este cambio de actitud; las conversaciones que tenía transcurrían de una manera más agradable.”
Al pensar en todo este tema siempre me vienen un recuerdo de mi juventud que me hace mucha gracia; las chicas (y algunos chicos) escribiéndose los unos a los otros en sus carpetas algo como “Se siempre tu mismo, no cambies! Te quieroooo!! PEPITA”. Lo cuál me lleva a hacerme la pregunta olbligada: ¿Qué es ser tú mismo?
En mi opinión, no es más que un frase que queda bien y que no tiene ningún sentido. ¡Todos tenemos muchos tipos de yo! Por ejemplo, hay gente cuyo “yo estando con los amigos” es divertido y siempre haciendo gracias, pero su “yo estando con una chica que le gusta” es serio y tímido. O está el caso de quien tiene un “yo laboral” responsable, atento y trabajador, y luego un “yo fuera del trabajo” borracho y que siempre es el rey de la fiesta. ¿Están actuando esas personas? ¡¡NO!! ¡Simplemente tenemos una forma de comportarnos en cada situación, y no es nada malo!
Concluyendo… que pienso que es muy posible cambiar. El cambio es la fuerza que mueve el mundo (típica frase), y me gustaría animaros a todos a cambiar aquellas cosas que no os gusten de vosotros mismos. No es cosas de dos días, y por supuesto que cuesta esfuerzo, porque siempre implica el salir de nuestra zona de confort, pero los resultados compensan y mucho. No hay que olvidar que cualquier inversión en uno mismo siempre merece la pena.
Espero que el post no haya sonado demasiado a “libro barato de autoayuda”
y que al menos os haya hecho reflexionar un poquito.
“Pero, en general, aunque nunca llegué a alcanzar la perfección que tanto anhelé (de hecho, me quedé bastante lejos de ella), fui, gracias al esfuerzo, un hombre mejor y más feliz de lo que hubiese sido si nunca lo hubiese intentado”.
- Benjamin Franklin
Etiquetas: Reflexiones
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Totalmente de acuerdo. ¿Ves? ésto es exactamente lo contrario de lo que decía nuestor amigo Herman, creo que me acabo de acordar. Él decía que uno simplemente tenía que llegar al conocimiento de sí mismo y aceptarse tal cual era, sin torturarse por tener malos pensamientos, o por no ser capaz de ser mejor persona.
Dejando a un lado mi yo-pedante, tengo que decir que Douglas no está a la altura del gran Denholm :-p
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Puedes cambiar actos, formas de decir las cosas, costumbres e incluso puedes modelar tu personalidad, pero en el fondo eres quien eres y precisamente esos actos son los que te definen.
Por lo tanto, sigo pensando que puedes modificar ciertas conductas de ti mismo pero eso no implica obligatoriamente un cambio.
Para mas información, ya sabes donde encontrarme. Un beso. -
Ay ay aaayyy qué conductista te veo!!!!;)
(pero estamos de acuerdo!:))



4 comentarios
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