La Gran Compañía (a partir de ahora la llamaré así, en honor al Gran Centro Comercial) tiene cafeterías en algunos de sus edificios. Las cafeterías tienen varias secciones donde sirven distintos tipos de comida: sandwiches, ensaladas, hamburguesas… Coges lo que quieras y pasas por caja, donde una amable señorita (en el 90% de los casos mexicana) te cobra y te da un rasca en el que te pueden tocar descuentos para tus próximas comidas, una bicleta u otros premios.
Yo suelo comer en la cafetería de mi edificio, que se encuentra justo al lado de mi oficina. Compro mi comida, la pago, y cuando me la he terminado vuelvo a la cafetería y me compro una manzana. Lo de no comprar la manzana y la comida a la vez es en ocasiones fruto del despiste, pero también hay veces que lo hago premeditadamente para así conseguir dos rascas en vez de uno. Que le vamos a hacer, me gustan mucho esas tonterías.
El caso es que a base de comprar manzanas la cajera mexicana se empezó a fijar en mi. Además, desde que la hablé en español, me empzó a hablar siempre que pagaba.
-¿Por qué siempre compras primero la comida y luego una manzana? —pregunta.
-Es que soy un chico muy despistado —contesto yo con una sonrisa.
A base de repetir este comportamiento, la cajera se empezó a enamorar de mi. La primera vez que me di cuenta de esto fue un día que me compré un sandwich de pollo con el pan más caro. Al pagar, la cajera me dijo:
-Te lo voy a cobrar como un sandwich vegetariano de pan bimbo. Así te ahorrarás $1.
-¡Muchas gracias! —respondí.
-De nada. ¿Vas a venir luego a por tu manzanita?
-Claro.
A la semana siguiente, la cajera mexicana tuvo un nuevo detalle:
-Toma, unos rascas premiados que he conseguido. Con esto te ahorrarás dinero en tus próximas comidas. Por cierto, ¿cuál es tu oficina?
-Es la que está en la esquina de ese pasillo. Está muy cerca de la entrada de la cafetería —le expliqué mientras señalaba a la puerta.
-Ah, qué bien —respondió ella.
Lo de la oficina me lo ha preguntado ya varias veces. Desde entonces temo que la cajera mexicana, cuando menos me lo espere, se presente en mi oficina para invitarme a tomar un café. Y digo “temo” porque es bastante fea. Si fuese rubia y guapa, ya la habría invitado yo.
Tags: Vida personal
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El último párrafo es magnífico, me encanta xD.


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