En unas horas sale mi vuelo a Buenos Aires. Para mí es un sueño poder visitar por fin Argentina, después de tantos años queriendo ir. Además de Argentina, pasaré la Navidad en Uruguay y el Año Nuevo en Chile. Me llevo mi mini-portátil y la cámara de fotos, así que intentaré actualizar durante el viaje para manteneros al tanto de mis aventuras.

Un fuerte abrazo a todos, especialmente a Carmelo al que se que le encantaría hacer este viaje conmigo, y que paséis unas buenas Navidades!

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La cosa que más me llamaba la atención de J, además de que sabía hacer magia, era que siempre que le veía con una chica, la chica le estaba dando un masaje en la espalda. Siempre funcionaba de la misma manera: él se sentaba y apoyaba los brazos sobre la mesa; a continuación, ponía cara de dolorido y se inclinaba hasta que su cabeza descansaba cómodamente entre sus brazos cruzados; la chica, automáticamente, se colocaba detrás de él y le empezaba a masajear los hombros, el cuello y la espalda. El numerito lo había visto con su novia, con la amiga de Madrid con la que quedaba por una hora en el metro antes de ir al aeropuerto, con una chica rumana que acababa de conocer hace unas horas y un largo etcétera. Pero, ¿cuál era el secreto?

Un día, durante un viaje a Lisboa, decidí averiguarlo.

– Oye J… ¿y tu como consigues que todas las chicas te den masajes en la espalda? –le pregunté intrigado–.

– ¿Los masajes? ¡Si es muy fácil! Yo les digo que me duele la espalda y que si no les importaría darme un masaje –respondió J con tranquilidad–. Muchas veces sólo hay que pedir las cosas. Te sorprenderías de la cantidad de gente que responde “sí”.

Entonces, allí mismo,  en una especie de centro comercial tipo El Corte Inglés, para demostrármelo se acercó a uno de los empleados que te cobran la ropa.

– ¡Hola! Verá, estoy buscando con mis amigos como llegar al hotel Fulanito. ¿Le importaría mirar en Google Maps qué autobús tenemos qué coger? –preguntó J–.

– Claro, por supuesto –respondió el dependiente mientras empezaba a teclear–.

Así que ese era todo el secreto, pedirlo… Ni frases mágicas, ni técnicas secretas, ni nada de nada. ¡Tiene cojones!

El pasado sábado fue la fiesta de Navidad del trabajo. La entrada incluía un ticket para una bebida, pero el resto salían a $7. El ticket de la bebida te lo daban en una mesa unas muchachitas después de dejar el abrigo. Fue ahí cuando me vinieron a la cabeza las enseñanzas de J.

– ¡Hola! Perdona, ¿qué puedo hacer para conseguir más tickets de bebidas? –pregunté a las dos chicas que estaban detrás de la mesa–.

– Sólo sonreir –respondió una de ellas, al mismo tiempo que me daba dos tickets extra a mi, y otros a mi amigo–.

Esto es un ejemplo bastante simple, pero creo que la moraleja está clara: muchas veces lo único que tenemos que hacer para conseguir algo ES PEDIRLO. Una vez más, el triunfo de lo simple y lo sencillo =)

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Típico domingo de resaca en Vancouver. Me doy una ducha para despejarme y busco en la guia de Lonely Planet un restaurante para ir a tomar un brunch. Tengo ganas de una buena tortilla, café y un zumo de naranja, asi que me decido por una “tortillería” que tiene muy buenos comentarios.

Entramos al restaurante y hay un monton de gente esperando. “Vaya, si que debe ser bueno este sitio” –pienso. Apunto mi nombre en una lista que hay en un cuaderno y por desgracia compruebo que hay bastante gente delante nuestra. Una camarera con un pendiente en la nariz llama al siguiente grupo de personas. Me quedo mirando a la chica; no es especialmente guapa y tienes los pechos pequeños, pero tiene algo que me atrae. Sencillez, simpatia, no lo se muy bien, pero me llama la atención.

Tras casi una hora de espera conseguimos una mesa y podemos comer. La tortilla esta deliciosa. Pagamos y mientras esperamos a que la camarera gorda que nos está sirviendo traiga los recibos, me fijo de nuevo en la camarera del pendiente en la nariz. Definitivamente tiene algo que me gusta. Me quedo mirándola, y cada vez que ella levanta la vista y me mira yo la sonrio.

La camarera gorda trae los recibos de las tarjetas de credito para que los firmemos. Entonces se me ocurra una idea. Escribo el reverso de mi copia mi nombre, mi número de teléfono y una carita sonriente. Luego, hago un pajarito de papiroflexia de manera que mi numero de telefono quede dentro y no se vea. Nos levantamos, y antes de salir del restaurante me acerco a la camarera del piercing:

Ángel: Hola, te he hecho un pajaro de papel porque me has caido bien a pesar de no ser nuestra camarera.
Camarera: Muchas gracias!
A: Me gusta mucho tu pendiente. La proxima vez que venga aqui pedire que seas tu la que nos sirva.

Al dia siguiente, ya en mi ciudad, recibo un mensaje de un numero desconocido que solo dice “Hola.” La conversacion completa por mensajes fue asi:

Camarera: Hola
Ángel: Hola! Quien eres?
C: Me diste tu numero?
A: Ahhh, la camarera guapa! Sonrisa
C: Sonrisa
A: Asi que rompiste mi pájaro…
C: Soy una chica curiosa y queria saber si habia algo dentro
A: Me gustan las chicas curiosas
C: De donde es el prefijo de tu numero de telefono?
A: Es de Nuevo Mexico, pero ya no vivo ahi
C: Oh, que guay
A: Jaja tu respuesta no tiene demasiado sentido!;) Vivo en Seattle
C: Oh, entonces no vives en Vancouver?
A: No, pero voy a volver en Febrero a los Juegos Olimpicos
C: Pasate por mi restaurante
A: Por qué esperar a la hora del desayuno? Mejor quedamnos el viernes por la noche a tomar una cerveza

Y ahí quedó todo. Cuando vaya a los Juegos Olímpicos de invierno llamare a la camarera del piercing y a ver que pasa!

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Viernes. Luis me ha invitado a ir con el a un pub crawl (ir de bar en bar) que ha organizado el consejo de estudiantes de su escuela. Despues de pasar por un par de bares y por un karaoke gay, vamos a una discoteca –tambien gay– para acabar la noche. No es que yo me haya vuelto homosexual de pronto, sino que el organizador es gay y ha decidido ir a esos sitios.

Pagamos nuestras entradas y subimos a la pista de baile para mover un poco los huesos… y entonces la veo. Es pequenita, tiene el pelo liso y moreno y un culo precioso. Esta bailando con sus amigas de ritmo de hip-hop, entre hombres homosexuales que se frotan entre si. La miro. Me mira. Nos sonreimos. Tiene una sonrisa preciosa, me encanta esa chica. Nos acercamos a su grupo y nos buscamos el uno al otro. Bailamos. La agarro de la cintura y nuestros cuerpos pegados se mueven siguiendo la musica. Se da la vuelta, me sonrie y seguimos bailando, esta vez de frente. Parece que la cosa va bien. Entonces, en ese momento, acerca su boca a mi oido y me dice con una voz muy dulce: “Que pena que no seas una chica…”

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Siento mucho el no haber escrito nada durante más de un mes. Estoy enfrascado en un proyecto personal importante a largo plazo y he hecho dos viajes -a Vancouver y Albuquerque- y se me ha pasado el tiempo volando. ¿Que cómo estoy? Pues cada vez mejor: el trabajo fenomenal y Seattle me encanta. Además, ya empieza a salir el sol =)

En este post quiero hablar de una reflexión que surgió en mi cabeza durante el pasado fin de semana en Albuquerque mientras vistaba al Moruno, Bob, Lucy y tantos buenos amigos que hice alli. Tras varias horas recordando anécdotas, empecé a pensar que quizá la vida es simplemente eso, experiencias. Aunque sólo estuve 9 meses en New Mexico, dieron para mucho: conseguí un trabajo increible, hice buenos amigos que me abriran sus casas siempre que vaya a Albuquerque y viví momentos inolvidables.

Miro al pasado y me doy cuenta de que hay momentos de mi vida que tengo grabados a fuego, mientras que hay meses enteros de los que no guardo nada. Puedo recordar como si fuese ayer algunos viajes, veranos en la playa e historias de amor. Sin embargo, los domingos de resaca sentado frente a la tele o al ordenador se han ido. Es como si nunca los hubiese vivido. Son días perdidos. Recuerdo perfectamente libros y películas que me impactaron: El Club de la Lucha, El Padrino, Pantaleón y las Visitadoras, Plataforma… Por el contrario, de aquellos que me aburrieron no recuerdo ya ni los títulos.

Entonces, ¿qué es una vida llena? Una vida rebosante de recuerdos, de experiencias. Tenemos que tener eso en mente y movernos por experiencias, crear momentos que olvidemos por el resto de nuestras vidas. Por eso oiras muchas veces eso de “el año que me fui de Erasmus fue el mejor de mi vida”. Vivir en un país distinto, salir por zonas distintas, conocer gente nueva, ir a otra universidad con otros profesores y otras maneras de hacer las cosas… Es un torrente de experiencias y por eso te tan marca profundamente el irte un año a estudiar fuera. ¿Por qué las noches de locura en las que todo el mundo está borracho son tan divertidas y se recuerdan incluso años después? Porque dan lugar a situaciones diferentes que se convertirán en anécdotas, en experiencias que siempre recordarás y podrás compartir con tus amigos. ¿Por qué es tan malo eso de caer en la rutina? Porque son días que pasan y no dejan nada; no aportan ninguna experiencia; es como si nunca los hubieses vivido; son días perdidos.

Por eso creo que hay que tener esto siempre en mente. A la hora de tomar una decisión, preguntarse “¿Qué opción me va a aportar más experiencias? ¿Qué opción me va a dejar como resultado un mayor número de recuerdos y anécdotas?” y actuar en consecuencia. Por lo general esto significa salir de nuestra zona de confort, pero la recompensa es grande. No se dónde leí a una persona mayor dando un consejo a los jóvenes “Cuando tengas dos opciones, elige siempre la que implique meterse en líos.” Creo que esa persona tenía en mente algo parecido a todo esto que acabo de escribir cuando dio ese consejo. ¿De que sirve, por ejemplo, conocer a una chica, hablar con ella durante un tiempo y luego marcharse con esa sensación de “estoy seguro que a esa chica le gustaba”? De nada. Al día siguiente, tú te habrás olvidado de ella y ella de ti. Todo habrá quedado en el olvido. En lugar de eso, pídele el teléfono o, mejor aún, dale un beso!! Estás abriendo la puerta a muchos posibles buenos momentos. Incluso si te rechaza, quedará esa experiencia, esa anécdota que contar y recordar meses después. Al final, lo único que cuenta es el resultado.

Hay que moverse por resultados, hay que moverse por experiencias.

Amr and me

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A todos nos explicaron desde pequeñitos que los pilares básicos de la felicidad son tres: salud, dinero y amor. Son las secciones clave de cualquier horóscopo. Si consigues esas tres cosas, serás feliz. Por eso, a lo largo de nuestra vida, nos preparamos para ello. Para conseguir salud hacemos ejercicio, comemos sano, evitamos la comida basura y si enfermamos vamos al médico. Para conseguir dinero estudiamos una carrera y nos apuntamos a prestigiosos másters de miles de euros, con el objetivo de encontrar un buen trabajo con un sueldo alto. Pero, ¿qué hacemos para mejorar nuestra vida amorosa? Generalmente, NADA.

La realidad es que muy poca gente está contenta con su vida sexual y amorosa. Dicen que el 80% de las relaciones las tienen el 20% de los hombres. Y es que si nos ponemos a pensar, ¿quién tiene todo el sexo que le gustaría? Yo personalmente no. Sin embargo, no hacemos nada para remediarlo. Existe la creencia -totalmente errónea- de que “el amor de tu vida no hay que buscarlo, es algo que aparece cuando llega el momento”, o que “esas cosas no se buscan, simplemente ocurren”. La realidad es bien distinta: no vas a conocer a ningún chico o chica especial mientras ves la tele tumbado en el sofá; el resultado, de sobra conocido: mucha gente se casa con la pareja que encuentra a los 28 años después de unos meses de noviazgo por miedo a quedarse más solo que la una (el tema del matrimonio es muy interesante y lo trataré en otro post).

Algunas de las cosas que podemos hacer para mejorar son muy sencillas: apuntarnos al gimnasio para perder esos kilos de más o renovar nuestros vestuario. Estas son cosas importantes, porque el físico y la apariencia SI IMPORTAN, aunque mucha gente se empeñe en decir lo contrario. Pero ahí no queda todo. Enlazando con el post anterior del cambio, creo que es posible cambiar (mejorar) nuestra personalidad y convertirnos en personas más atractivas. Sí, ¡no es broma! Ser positivos, confiar en nosotros mismos, tener una autoestima alta… todas son cualidades que nos harán más atractivos y que sin duda se pueden desarrollar. La segunda parte de la ecuación es muy sencilla: ¡socializa! Si no te relacionas con gente, es imposible que conozcas a esa persona especial. Si te pones nervioso o te sientes incómodo hablando con chicas, habla con 100 y verás como la cosa cambia. Además, conocer gente es algo muy bueno. Como ya escribí anteriormente, el ser humano es apasionante y cada persona que conozcas siempre tiene una buena historia que contar y muchas cosas que enseñarte.

No hay que dar de lado una parte tan importante de nuestra vida como son las relaciones sociales, especialmente con personas del otro sexo, porque eso significa a renunciar a muchos momentos y experiencias bonitas que nos harán crecer como personas y disfrutar mucho. Tampoco hay que sentirse mal por reconocer que no se te dan bien las chicas o los chicos: nadie nos enseñó nada en este campo, y no todos tuvimos la suerte de desarrollar esta habilidad durante nuestra infancia o de nacer con la cara de Brad Pitt. Yo he tenido mis novias y mis líos, pero creo que tengo mucho más potencial que puedo desarrollar. ¿Por qué no hacerlo?

Este post va dedicado a mi mismo y a mucha otra gente. En vez de quedarte con el culo pegado al ordenador… ¡sal a dar un paseo y a hablar con la gente!

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Cambio

Este post va dedicado a María, la cuál una noche hace ya varios años dijo una frase terrible: “La gente nunca cambia. Uno no puede cambiar”.
 
 
Soy una persona que piensa mucho. Mucho. Incluso a veces demasiado. Me fascina el ser humano y sus comportamientos. Creo que una persona es algo increible, y que está capacitada para conseguir todo lo que se proponga. Sin embargo, nos empeñamos en autolimitarnos y vivir como mierdas en vez de como dioses, de arrastrarnos en vez de ser seres invencibles. A pesar de eso, nuestros poderes nunca nos abandonan. Y precsiamente uno de los grandes poderes que tenemos los hombres es la capacidad para cambiarnos a nosotros mismos, para mejorar.

El negar la posibilidad de cambiar implica que el quiénes somos, nuestra forma ser, nuestra personalidad, viene determinada unicamente en los genes. Como mucho puede influir la educación, pero sólo durante los primeros años de nuestra vida. El decir que los hombres no pueden cambiar significa que llegamos a un punto en el que estamos completos, en el que estamos definidos, en el que hemos acabado de forjar nuestra “personalidad”.

Pero… ¿qué es la personalidad? ¿Es acaso algo inmutable? ¿Existen realmente personas a las que les tocó ser “vagas” o “alegres y extrovertidas” y que no pueden hacer nada para cambiarlo? Pues no, no es así. La personalidad no es más que un conjunto de rutinas, de costumbres que tenemos asimiladas, y que determinan la forma en que, generalmente, nos comportamos. Todas estas rutinas y se costumbres las aprendemos a lo largo de nuesta vida, aunque tienen especial importancia aquellas que nos inculcaron nuestros padres y que adquirimos de pequeños.

El hombre es un animal de costumbres. Haz algo de manera constante, a ser posible cada día a la misma hora, durante el tiempo suficiente y se convertirá en rutina. Ese acto se volverá parte de ti. Existen buenas y malas costumbres. Las buenas costumbres se pueden perder; sin embargo, las malas no se pueden borrar. Sólo se pueden sustituir por otras. Y esa es la buena noticia: gracias a una cosa llamada fuerza de voluntad cualquier puede cambiar su rutina y sus costumbres (a ser posible a mejor), y por tanto cambiar su personalidad. Un ejemplo de esto fue Benjamin Franklin. En su autobiografía cuenta lo siguiente:

“… pero un un amigo me comentó amablemente que en general la gente me consideraba orgulloso, que mi orgullo aparecía habitualmente en mis conversaciones, y que no me conformaba con tener la razón cuando estaba discutiendo de algún tema, sino que era autoritario y bastante insolente.

Me puse como regla abstenerme de contradecir los sentimientos de los demás y evitar cualquier afirmación positiva sobre mi mismo. Incluso me prohibí usar cualquier palabra o expresión que indicase una opinión fija, como ¨”iertamente”, “sin lugar a dudas”, etc., y me acostumbré en su lugar a usar “considero”, “entiendo” o “imagino”. Cuando alguien decía algo que yo consdiraba un error, me negaba a mi mismo el placer de contradecirle abruptamente y mostrarle inmediatamente lo absurdo que era lo que acababa de decir; y al responder, empecé a darme cuenta que en ocasiones su opinión era correcta. Pronto aprecié las ventajas de este cambio de actitud; las conversaciones que tenía transcurrían de una manera más agradable.”

Al pensar en todo este tema siempre me vienen un recuerdo de mi juventud que me hace mucha gracia; las chicas (y algunos chicos) escribiéndose los unos a los otros en sus carpetas algo como “Se siempre tu mismo, no cambies! Te quieroooo!! PEPITA”. Lo cuál me lleva a hacerme la pregunta olbligada: ¿Qué es ser tú mismo?

En mi opinión, no es más que un frase que queda bien y que no tiene ningún sentido. ¡Todos tenemos muchos tipos de yo! Por ejemplo, hay gente cuyo “yo estando con los amigos” es divertido y siempre haciendo gracias, pero su “yo estando con una chica que le gusta” es serio y tímido. O está el caso de quien tiene un “yo laboral” responsable, atento y trabajador, y luego un “yo fuera del trabajo” borracho y que siempre es el rey de la fiesta. ¿Están actuando esas personas? ¡¡NO!! ¡Simplemente tenemos una forma de comportarnos en cada situación, y no es nada malo!

Concluyendo… que pienso que es muy posible cambiar. El cambio es la fuerza que mueve el mundo (típica frase), y me gustaría animaros a todos a cambiar aquellas cosas que no os gusten de vosotros mismos. No es cosas de dos días, y por supuesto que cuesta esfuerzo, porque siempre implica el salir de nuestra zona de confort, pero los resultados compensan y mucho. No hay que olvidar que cualquier inversión en uno mismo siempre merece la pena.

Espero que el post no haya sonado demasiado a “libro barato de autoayuda” ;) y que al menos os haya hecho reflexionar un poquito.

“Pero, en general, aunque nunca llegué a alcanzar la perfección que tanto anhelé (de hecho, me quedé bastante lejos de ella), fui, gracias al esfuerzo, un hombre mejor y más feliz de lo que hubiese sido si nunca lo hubiese intentado”.

- Benjamin Franklin

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De lunes a viernes suelo comer en la cafetería de La Gran Compañía. Aunque hay distintas comidas —sandwiches, hamburguesas, burritos, pizzas, ensaldas…— yo suelo optar por la primera opción y comerme un sandwich. De tanto comer sandiwches me hecho amigo de el señor y la señora que los preparan. El señor se llama Juan y es de Perú. Hace unas semanas su coche se quedó sin batería y yo le ayudé con mi coche y unas pinzas. La señora es de Israel y se llama Sisi o algo así. Me cuenta que sus hijos estudian en un colegio bilingüe español/inglés, y que hablan entre ellos en español cuando no quieren que su madre se entere de lo que están diciendo. Nuestra amistad es tan grande que cuando compro un sandwich de pollo me pone dos trozos en vez de uno, mientras con el dedo me hace el gesto de que no diga nada.

El miércoles, como de costumbre, fui a comprar mi sandwich. Me atendió Sisi (la voy a llamar así, aunque no estoy 100% seguro de que sea su nombre), pero en vez de preguntarme que tipo de pan deseo esta vez me dijo:

-¿Te puedo hacer una pregunta personal?

-Claro —respondí.

-¿Tendrías algún problema en salir con una chica judía?

-Esto… no, claro que no. ¿Por qué lo dices? —pregunté confundido.

-La chica que cuida de mis hijos es judía y estudia medicina en UW. Tiene 22 años y está a punto de acabar. Es muy guapa y sus padres tienen mucho dinero. Esta noche cuando venga a casa le voy a hablar de ti.

Este es el tipo de cosas surrealistas que sólo me ocurren a mi. La señora de los sandwiches buscándome una novia judía. La verdad es que no sabía muy bien que dónde meterme, así que respondí:

-Sí, hoy quiero pan integral, lechuga, tomate…

Os mantendré informados si hay novedades.

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Hola amigos!

En el post de hoy voy a explicaros una técnica que os permitirá ligar con estudiantes americanas de rubios cabellos sin moveros de casa. Es muy sencillo y sólo se necesita un ordenador con Internet, vivir en una casa/apartamento compartido y echarle un poco de cara. Estos son los pasos que debéis seguir:

  1. Entra en www.craigslist.org. Craigslist es la página de anuncios más famosa de Estados Unidos, y en ella se pueden encontrar desde sofás hasta prostitutas.
  2. Encuentra la página de tu ciudad y haz click en rooms/shared, en la sección de housing.
  3. Publica un anuncio que diga algo como esto:

    Actualmente vivo en un agradable apartamento de dos habitaciones en la zona de <zona donde vives> que comparto con otro chico. Mi compañero de piso se marcha de la ciudad en menos de un mes por motivos de trabajo y estoy buscando a alguien, preferiblemente una chica, para que le sustituya.

    El apartamento tiene dos baños, lavadora, secadora, cocina completa y una terraza con vistas increibles. También tenemos cubertería completa, Internet y televisión. El precio es de $XXX.XX al mes (¡IMPORTANTE! Poner un precio más barato de lo normal para llamar la atención de la gente, pero sin pasarse).

    Busco una persona responsable, limpia, ordenada, con la que sea fácil de llevarse bien y que no tenga animales. Si estás interesado, responde al anuncio para que acordemos una hora que nos venga bien a los dos para enseñarte la casa.

  4. Debido al buen precio, te empezarán a llegar muchos e-mails tanto de chicos como de chicas. A los chicos debes responderles diciéndoles que ya has encontrado a alguien o directamente puedes ignorar sus correos. Sin embargo, queda con las chicas un día que te venga bien para que vengan a tu casa y se la enseñes.
  5. Cuando venga una chica a ver la casa, esta debe estar limpia y presentable para dar un buen aspecto. Mientras se la enseñas debes mostrarte simpático, agradable y divertido, y preguntarle un poco por su vida personal: de dónde es, qué estudia, decir lo interesante que te parece su carrera, etc.
  6. Antes de que se vaya coméntale que todavía no es 100% seguro que tu roommate se vaya, pero que vamos, que salvo ocurra un milagro si que se va a ir. Pídele el teléfono y queda en que la llamas el viernes para confirmar.
  7. Es obvio que puedes filtrar comodamente a las gordas y a las feas llamándolas al día siguiente para contarles cualquier milonga y decirles que al final nada. Esta es, sin duda, la mayor ventaja de este método, además de la comodidad de que ellas sean las que vienen a tu casa.

  8. El viernes llama a la ficticia futura inquilina por teléfono para comunicarle la mala noticia: tu roommate no se va finalmente. Invéntate cualquier historia y dile que lo sientes mucho, porque te cae muy bien y crees que hubieséis llegado a llevaros genial. Ofrécele invitarla a un café por las molestias y porque te pareció una chica muy maja.
  9. Si la chica acepta, ya todo depende de ti. A tu favor tendrás que ella pensará que todo esto “ha pasado por casualidad”, y a toda fémina le atrae la idea de que su historia de amor empiece de una manera original y fortuita como esta. ¿Qué es más cool que la idea de poder contarle a sus hijos que conoció a su marido por azar cuando fue a alquilar una habitación?

Como véis, se trata de un método cómodo, sencillo y efectivo que facilmente podéis adaptar a España.

¡Mucha suerte con las estudiantes!

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Siempre he pensado que hay dos cosas que mueven el mundo: el sexo y el dinero. Tanto el uno como el otro son, sin lugar a dudas, los sistemas de diferenciación más grandes que existen en nuestra sociedad, y son independientes el uno del otro. Se puede por ejemplo, ganar mucho dinero y tener éxito en el mundo financiero, y al mismo tiempo ser un fracasado en el terreno sexual y tener que tirar de la prostitución para conseguir algo de sexo. Las empresas buscan hombres preparados; las mujeres buscan jóvenes atractivos. Dos escalas para medir. Pero no me quiero desviar del tema. Hoy quiero hablar sobre el dinero y lo que pienso sobre él. Es algo que nos afecta a todos, por lo que creo que es interesante.

Hay un viejo dicho que dice que el dinero no da la felicidad, y estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, yo le añadiría una segunda parte: “… pero la falta de dinero si que te hará infeliz.” Me explico. Hay cosas que el dinero no puede comprar, como el amor, la compañía o la salud. Sin ellas de poco sirve tener miles de millones en el banco porque no podrás disfrutarlos. Por el contrario, por muy enamorado que estés o muy sano que te encuentres, si tienes grandes dificultades para llegar a fin de mes, si antes de comprar una caja de cereales tienes que pensar si puedes permitírtela o si vives atemorizado pensando que si sigue subiendo tu hipoteca no podrás pagarla y te embargarán la casa, entonces es muy complicado ser feliz.

Mi manera de ver esto es la siguiente: consigue ganar suficiente dinero para no tener que preocuparte del dinero. Es decir, gana lo suficiente para poder vivir en una casa decente, comer bien todos los días e incluso de vez en cuando salir a un restaurante, permitirte algún que otro capricho, poder irte de vacaciones… y sobre todo no tener que consultar constantemente tu cuenta corriente. No hace falta un ferrari, una casa de 10 habitaciones ni un yate lujoso. Simplemente suficiente dinero para vivir (no sobrevivir, hay una gran diferencia) sin tener que pensar en cuánto te queda en el banco.

Antes era estudiante y me preocupaba mucho por el dinero. Recuerdo que cuando se me perdían 20 euros porque se me habían caido del bolsillo al sacar las llaves era una trajedia para mi. Ese era mi sueldo para toda la semana y estaba ahorrando para comprarme alguna cosa, y perderlos suponía tener que esperar una semana más. Ahora que trabajo para la Gran Compañía ganao más dinero del que puedo gastar y me hace gracia todo eso. No merece la pena que te disgustes por perder un iPod, ¡son solo 200 euros! Vale, a nadie le gusta perder su iPod, eso desde luego, pero no le des más vueltas. ¡Siempre puedes comprar otro! Posiblemente llegue el día en que 200 euros no sean nada para tí. De verdad. En vez de preocuparte disfruta del día a día. Ahora puedes correr, oír música, hablar con otras personas, y quizá no le das importancia.  Pero créeme, si un día te lesionas una pierna y no puedes correr durante un año… entonces no vas a acordar del iPod.

La mentalidad respecto al dinero varía mucho dependiendo de cada cual. Hay gente que tiene mucho dinero pero que sin embargo es muy pobre. Continuamente están escatimando en tonterías o privándose de hacer cosas que le gustaría porque no quieren gastar, no les gusta. También hay personas que viven para sus hijos. Se dedican toda su vida a ahorra para poder dejarle una buena herencia a sus descendientes. Esta mentalidad abunda mucho en los pueblos españoles. Otro grupo es el de los que sólo quieren acumular más y más, aunque para ello tengan que trabajar 14 horas al día y apenas vean a su familia.

Respeto todas esas opciones, allá cada cual, pero personalmente creo que el dinero es PARA DISFRUTAR DE ÉL viajando, comiendo en buenos restaurantes y haciendo lo que te gusta. Sin duda prefieriría un trabajo con poca responsabilidad, donde sólo tuviese que dedicar 8 horas al día y tuviese el fin de semana para mi, a otro en el que ganese más pero donde la responsabilidad fuese mayor, hubiese mucha gente que dependiese de mi, pasase muchas horas liado y tuviese que estar localizable los fines de semana.

Y tú, ¿qué opinas?

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